![]() |
|
|
Patricia L. Boero |
|
|
HORIZONTE QUIETO
|
|
(...)
Soltar podría sobre el curso de esta cerca los ojos y perderlos vívida luz sobre los campos.
Aquí y allá usurpando el inasible espacio de todos modos enlazados crecen y se espejan sobre un charco innumerables astros noche a noche.
Lámparas miradas de piedad completa pendiendo de una báscula.
Y entonces ¿para qué sumar al transfinito un número y a la observación un ancla en la ría del cielo?
En su falta permanece desovillado lo que alcanza esa eterna deriva del goce bajo los párpados cerrados
estos ojos
donde todo se cuenta en casi nada.
|
|
|
PASABA POR AQUÍ
A veces, cuando duermen las furias su jadeo de melenas y las rotas columnas ya no sostienen locuaces martillos de sentencia salimos a observar
sobre el blanco mantel la taza azul de prusia y su fauna de hebras con dedos que perfilan caracolas y peces al paisaje marino y hacen habitación de sombras con su temblor de techo curvo por largo tiempo hincado sobre el sediento borde de los labios.
Cúpula para demorar el anhelo de los sueños que pujan por darse su contorno, dijiste, mientras separabas las tiernas y sensitivas ramas, una a una, enredándolas a la solicitud de otra arboleda de aire.
Cuánto de nuestra desmemoriada sensatez asiste a su derrota cuando el humo recobra su indeclinable dirección entre las hendiduras en fuga hacia la suplicante que allá arriba, invisible viene a visitarnos por las noches como si no anhelara más que la ocasión de la humedad para entregarle a nuestro ocio la siempre breve y a la vez recobrada demasía de un cuerpo.
|
|
|
PRELUDIO
rendido el cielo a esta inmóvil observancia
desata la ceguera del nudo
la niñez
don del momento:
tu risa el lazarillo de pelo manchado con la correa suelta.
me cubre los ojos una larga devoción
consentida esclavitud de los exilios como única mirada.
ARCA
Breve señal es lo que enciendo unas grises lumbreras que hacen blanco en la casa
luego cenizas, digo graciosa manera de saber mi muerte migas de pan hebras de té mi vieja taza con su fondo necesariamente calcinado y un mantel rústico para velar la cabeza cercenada del roble con decoro
por siempre y para siempre este sillón que habré de tapizar con mi pobreza
y habitar como nadie la guarida
latido de vellón cuna de larva húmeda
zarzal donde se rozan las ascuas de los nombres y la greda se amasa con saliva
entre un sorbo de fe y otro de insultos creo crear palomas.
EGON SCHIELE Y LA LUNA
Hermana el paso es corto y claudicante tras las rejas y en sombras me demoro sobre ti.
Tanteo la columna de mi templo largo tiempo enredado a los ligustros, aparto espinas, alimañas de antiguos propietarios, vencidas instrucciones, suenan desmanes, heroicos tratos, promesas en pilares desgastados por tanta lluvia amarga
ardo de redención, de sed, de vida
tú haces la fuente limpia cuando me inclino breve y me sospecho, al fin, reluciente criatura que vuelve.
Entonces salgo
suelto la voz al aire, la mínima parcela, la ignorante semilla y esta mudez de blanco asombro ante ti la siempre refleja circunstancia de mi ardorosa huella
y me hago lentamente la señal que tú tienes marcada sobre el pecho labrada en la comba de tus ansias
la dulce inocencia del juego, esos encajes que nos abren los ojos a tu oculta mitad.
Y el canto salta el mismo canto que tu curva protege
y como un niño me bautiza en el profundo mar de la fertilidad
tan desnudo de mí como tú mía.
|
||
| El Embarcadero |