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Patricia L. Boero |
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LA INFANCIA DE LA LETRA II
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CONJUNCTIO
Grano
de sal
paralelo
camino
surgencia
del amado desliz
sin
nombre
que
en las orillas nos visita
cuando
libre consuma
el
preciso enlazarse
del
vertedero con la letra y el poema
se
inunda
por
la hoja material desecho que se suelta
de
la mano del mundo
y
va a abrirse
en
beso
sobre
el labio dormido
antes
que todo y nada
se
amanezca ensayando y nivele razón
o
sinrazón de ser y de no ser la indivisible
huella
de la piel se anuncia ya destello
líquida
intermitencia que tira hacia abajo
y
da en el blanco
lentamente
acogiendo esta indefensa luz
desbarrancada
la
lengua del ajeno infinito
que
adentro húmeda me sabe.
UN SUEÑO
El lujo del poema se afinca leve aprendiz del sueño en un claustro de espejos.
Desnivelado el cuerpo en tambaleo escribe giros de pasaje: encadenada línea recta directo al corazón.
En el fondo una habitación de sacramentos trepida de hostias consagradas.
Haz de llegar arrodillada deshojándole un voto.
Que el alma aún perdida siga llamándose cordero entre los llanos eco de nombradía esposa.
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LÍMITE
APENAS (Uno)
Jamás objetivamente estos poemas como necrosario. Y es que tampoco olvido.
Ni ejercitación, ni crónica, tampoco herrumbre de goznes y ocuparme en aceitar.
Esta puerta no admite acumulaciones extrañas a su propio vaivén. No necesita de mi sostenimiento.
Es el viento y una alborada en sus inicios la pareja de porteros.
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A.
Este costado donde pace la lengua sangra y ha devenido flor
jardín del nombre que amo, invertido cáliz del inicio
y es el instante de convocar al sueño de las aguas tendidas sobre la greda del posible mundo, y empezar a sembrar.
Quien
esté libre de desamor
que
nunca arroje al olvido
la
rendida corola de la primera letra.
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| El Embarcadero |