![]() |
|
|
Patricia L. Boero |
|
|
MISTERIOS
|
|
BODAS (Nueve)
I
Espera. la tardía palabra cimbra y anuda los cinco brazos de la estrella redoma de alma trae consigo un cuerpo el verbo rodea el huracán temblor de azogue no perturba la bonanza del claro.
II
Agua. Verdorsuave de brote la leve perfección de lo nacido antes me llama y yo lo llamo. Gratuidad de las bodas. Por el largo corredor rueda un anillo blanco.
III
Un certero disparo de plegarias de una orilla a la otra, costas de incendios grandes ocurridos a espaldas de las guerras, violencias cotidianas, pero mirar siempre es abrir los brazos tercamente anegados. Captura de la red lento regreso.
IV
¿Puede la ínfima estrella caber en la mano del soñante alambicada plata niños de nuevo?
V
Pliegue de la memoria que guardan los cuadrantes círculo virtuoso de la hoguera donde nunca se quema lo que arde. Urgencia de recordar el día en que supimos: puente y señal, tordo y rama de olivo, hierba de la añoranza que se mece despacio.
VI
Pero el saber no avanza: se despide del dolor que le resta, del número anterior de la cuenta adeudada. Marca lo que ha de retornar. Lento camino blande sus horas lentas barco sin temporal pulcra blandura.
VII
Lealtad de cada letra con su correpondiente testimonio casa y jardín. Los abre. El nombre se detiene en la visión del sueño. No declara de sí sólo se enciende.
VIII
¿Ves lo que marca la línea fronteriza, la trayectoria elíptica del astro, el recorrido parco de cada letra muerta, revivida, y un número tras otro y el giro que los une para contar el tiempo?
IX
Nacidos de la guerra nos quedamos para fundar la paz de la hora precedente.
AURORA CONSURGENS (Dones)
El uno cambia su aliento sobre el vaso de estrellas pasa por el cedazo el alfabeto remite toda nada hacia su gesto táctil
talladura del ojo, de la boca, del hambre de tocar
mesa tendida copas, que no se alzan.
El otro, aterida la mano que penetró en lo hondo y abrió un pozo en el pecho la extiende hacia el vacío.
La sangre se coagula, y esboza un corazón de alas batientes.
Hijo de todas las rozaduras de la espina se exilia de raíz, puertas afuera.
La casa es su abertura y hasta el final del escalón hacen los vientos remolino.
¿No es acaso el desierto canto de mares que no se han retenido?
También lo hueco vibra con lo que fue arrancado.
|
| El Embarcadero |