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BAJO EL SIGNO DE GÉMINIS
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BAJO EL SIGNO DE GÉMINIS
Me
toma de la mano.
Me
encuentra en todas partes.
Me
sabe de memoria.
Nacimos
de un golpe de viento
cayendo
de un sobre vacío
como
un sueño sin mancha.
El
huevo se abrió en dos
por
obra del oro
caduceo.
La
mitad idéntica:
mi
hermano sentía
mi
sentir,
sentía
ser
mi hermano.
Ambos
teníamos la lira
y
los corderos
y
guiábamos las almas de los muertos
hacia
el submundo.
A
cambio, el amor de la doncella.
Ambos
sabíamos únicos
los
partos compartidos.
Ambos
obrábamos el sueño.
Ambos
nos sosteníamos
sobre
aladas sandalias.
Cuando
mi hermano mira
esa
luz que se extingue en el horizonte
de
inmediato aguardo por él el alba.
Él
es mi mejor extraño,
mi
inquieta semejanza, la magia
de
todo devenir, eclipsado
y
vislumbrado al tiempo, sostenido
y
ahogado sin crepúsculo.
La
paradoja y la contradicción
y
la certeza más amplia.
La
flecha del día
girada
sobre el infinito, grávida
de
plenitud revenida.
Tiemblo
cuando mi hermano
tiembla
por mí, por él.
Río
con su risa anticipado
a
su reír conmigo.
Me
toma de la mano
y
yo me sigo.
Y
me sabe de memoria
y
lo sé a él.
Y
me encuentra a su encuentro
y
jugamos
a
ser Apolo o Hermes,
taimado
o noble,
fuego
o aire,
flecha
o lírica.
El
mundo vuelve a reunirse
bajo
el signo de Géminis.
ARTE COMBINATORIA (Mateo 18,20)
Cuando dos se hallan congregados en mí allí estoy yo en su nombre.
Cada orilla en su luz. Y allí mi luz, desorillada.
Sus manos en mis manos y su latir mío.
Cuando andan ciegos besándose por los rincones allí mi boca, catedral del beso.
Y en el recogimiento de las manos la línea en que me diviso.
En el pecho que se acerca al oído el palomar del descubrimiento: la sorpresa de un corazón igual al mío.
La cerca de sus labios me acorrala: no fui pastor jamás.
Y él dice dame la flor del sueño y ella me hace de sí encantamiento.
Entonces la reclino le doy a beber mi sangre — visitación y brisas.
Por que llegue el momento en medio de los relojes abre rauda los ojos y le mira.
Él tiene ese descenso breve a la fuente verde de mi ser contenido.
Y me nombra universo pero es el multiverso presenciándose vivo en unos y otros labios.
Y en mis labios de ángel caído.
LA FLOR EN EL FOLLAJE
Las ramas por las que te vas son las del árbol de la vida
un rumor de sílabas te prende y pierde las orillas que encendiste para darte mar; otro azul dora el horizonte, sostenido que los ecos despueblan y la avena adormece—
...Silencio...
es esa brisa ...silencio, escucha... sílabas ecos hilachas
no
de palabra ...espera... no de islas lejanías promesas ...atiende...
las ramas que te llevan al vértigo babélico así te bendicen sin presagios ni alivio ni recuerdo o presencia
distraídas por el suave resplandor tonante de tu pequeña llama siempreviva
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