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Antonio R. Mengs |
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DE NOCHE II |
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Para
saber distinguir quién impide
tu
avance venturoso hacia el corazón del bosque
es
preciso haber vivido la cojera
y
ascendido la escalera mientras todos vienen en contra,
es
preciso haber tenido infección de oídos,
oídos
embotados durante un tiempo
en
que el sonido de la propia voz aturde,
es
preciso haber perdido —en parte— el sentido del equilibrio,
descendido
la escalera con temor reverencial
como
si bajando solemne la pirámide azteca, mientras alrededor
tiembla
el espacio,
es
preciso haber dudado en conciencia
de
la conciencia, solo en medio del sendero,
ignorante
de a dónde vas o de dónde vienes
como
si tu destino no fuera,
para
saber distinguir quién impide
tu
avance venturoso hacia el corazón del bosque.
CANTO AL FUEGO
Segmento vertebral o rompecabezas arriba, una gran grieta oscura en el medio profundo
leño
sembradíos de tierra negra, o calcinada, con manchas de desiertos, charcos, lenguas ardientes y vivaces como géiseres de flores, nubes, nubes boreales, migraciones de vientos, cánticos áureos
allí donde el puente se incorpora a las entrañas de la torre un magnífico y feroz perro en llamas guarda la entrada envuelta en el humo que asciende, triste asonancia pasiva amontonada abajo, triste patio de cenizas amedrentado, pardo infierno
reducido a una chimenea de campo, luzbel de granja, increpas la noche, desasistes el frío, el miedo, no el temor a la oscuridad, el fundamento, proyectas para visibles las sombras, musicas la admiración que se derrama por los ojos, pones freno de peligro a la piedad
celoso aliento en el cuerpo escondido vienes conmigo al sueño más tarde, cuando llega el momento de la bienaventurada metamorfosis y entonces alas versos de luz a mi imposible
TRAE LA TIERRA NUEVA
a
una mujer casual
Muchos ignoran tu belleza; aún así, vivir entre el rocío no valida un final a los retornos;
llegar a lo mismo, a veces, trae la tierra nueva.
Que sólo uno te mire, y sólo un instante y marque para siempre el día. Que uno sólo reconozca tus alas.
Y tus palabras, como frutos del ángel volverán a la mano.
TRANSIR DE LUNA
La calle azul.
Bajo unas pocas hojas de ceniza, esconde agua de luna en brasas.
Al salir del callejón una sombra ha de vestir de negro.
Una farola se enciende y apaga con misterio simple.
El miedo de anteponer imágenes a la noche, vagabundo
se esfuma.
Entonces cae del cielo una paloma blanca.
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| El Embarcadero |