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/ 5 Francesco Simonelli De los mismos pasos
Coleccionistas de intrigas
I
Me llamarán puente los más indulgentes, unos pocos.
El resto es odio fresco.
En los lados de esta historia muchos se buscan interrogando las presencias que los desdibujan hasta el momento del hastío cuando eligen cualquier traza para volver a sus cansadas quimeras.
Entonces me llamarán puente y todos lo aceptarán y yo lo aceptaré con la misma rabia congelada descargando silenciosas iras sobre el río de almas el torrente insaciable.
II
No pregunten por la línea no argumenten ¡apareció de pronto! ¡antes no estaba! ¡quién la sentencia!
no pregunten razones de línea
no pregunten razones de dioses
si son muchos o ninguno
si atienden o divagan
no pregunten si otro es el camino
no pregunte el que no sepa decidir la encrucijada
III
Toda razón se me escapa todos los argumentos han fallado por obra del hechizo mis manos son mis ojos mi voz una mirada mi destino una flecha helada
Delirios truenos sombras un poco de luz tal vez una mancha que divaga una llama descuidada
Todo arte se me escapa la belleza arrecia su marca la locura arde congelada
IV
Dejo mi estela dejo la órbita la errancia mis luces sus luces
digo mis vueltas y mi voz no dice nada
V
Cabalgo mi libertad ceñida con ansias de estrella le doy un poco de brillo a sus luces rojo o amarillo acaso matinal, tal vez vespertino ardiente cerca del centro helado en los bordes suspendido
Soy un pasajero celestial que conoce sus viajes un solitario con ciertas compañías obligadas soy un apagado vestigio del principio otro súbdito del iracundo señor soy uno inmutable y distinto
VI
Ha cesado el tiempo deshecho el hechizo no hay luz para cegarme si se alzan esas voces son voces de coleccionistas de intrigas silenciadas por el clamor que me celebra
Han muerto las virtudes los pecados desaparecidos se recuerdan como graznidos como aullidos voces animales colores de la noche lentamente apaciguadas por la devoción minúscula dádiva que les ofrezco
Unos pocos dirán ironías de estos esplendores serán sus voces profecía de caída en iras consumirán sus brasas contemplarán encandilados la antorcha apagada
VII
Tras los tránsitos derivados por mi alma he llegado a la orilla muerta de este cementerio de odios donde el viento dispara sus fatuos oficios acariciando rocas ennegrecidas
Conozco mis viajes sin promesas esperanzas cifradas en la leyenda en la farsa del abismo sin destino
Confieso mi soberbia la necedad que me hizo despreciar puertos por ansias de itinerario
Aquí donde no hay grito donde ensordecidos están los oídos yazgo desesperado
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